Una victoria ganada arduamente. A fin de hacerse del agua necesaria, tuvo qué engrosar su raíz o extenderla bajo las piedras formando una complicada y somera red capaz de aprovechar las últimas gotas de los aguaceros ocasionales. Al mismo tiempo en su cuerpo se operaban importantes cambios. Las hojas, a través de las cuales respira fueron eliminadas y se convirtieron en espinas. El tallo, revestido de una gruesa cutícula, cobró la apariencia de una columna o bien se curvó sobre sí misma adquiriendo las redondeces de los cántaros.
Gigantescas o pequeñas, gruesas o delgadas, esparcidas o amontonadas, ellas estaban ahora en condiciones de vencer al desierto.
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